Empiezo a pensar que en el Ministerio de Asuntos Exteriores español tienen el teléfono roto. No me cabe otra explicación. La impecable actitud de la titular española, Arancha González-Laya, que quiso visitar primero La Línea de la Concepción para conocer sus problemas de primera mano, no tuvo el reflejo esperado en su comparecencia del día siguiente.

Porque ya debería haber incluido la singularidad linense y sus efectos por el Brexit en su discurso. Sólo dijo que el plan de mil millones que va a llegar a la comarca “se puede modular”, tras las obvias quejas -imagino- del primer edil linense por la ausencia de sus demandas en el plan.

Lo que tienen que modular en el Gobierno de España y en el andaluz son sus miradas hacia el Campo de Gibraltar. La comarca es diversa y compleja. Algeciras tiene una frontera complejísima y con ese municipio hay que abordar directamente lo relativo a la OPE y el paso a Marruecos. Obviamente. Por eso me pareció un acierto la reunión entre González-Laya y Landaluce. Es necesario conocer los problemas de primera mano.

Foto de familia ante la sede de la Mancomunidad del Campo de Gibraltar.

Lo que no entiendo entonces es que, una vez que la ministra se encontró con Juan Franco el día anterior, no incorporase ya directamente las singularidades de La Línea a las perspectivas económicas. Y lo que cansa ya es la reiteración de ese ninguneo en Exteriores: cada vez que viene un ministro/a nuevo, empezamos desde cero. Y siempre los problemas de la ciudad linense quedan en el último escalafón. Ya está bien.

Comparto la visión de González-Laya de crear un área compartida de prosperidad en ambos lados de la Verja/frontera. En este sentido, ni creo que en la reunión entre la ministra y Picardo se hablase de soberanía y tampoco veo por qué no pueden reunirse.

Arancha González-Laya, con Fabian Picardo, el jueves, en Algeciras.

La semana próxima habrá una ronda de negociaciones sobre el Brexit en Gibraltar y todos nos jugamos mucho. Dar forma a los memorandos, apuntalar los detalles de esa política para que los ciudadanos de esta zona no se vean negativamente afectados por el Brexit es ahora lo más importante. Y “el reloj sigue corriendo”, como recordó González-Laya. El Reino Unido, por su parte, también debe reflexionar sobre ello, porque no se puede negar la voluntad de España para que los ciudadanos no se vean perjudicados el 1 de enero de 2021.

En la situación tan delicada en que estamos, es de vital importancia que se tenga en cuenta, de forma muy detallada y pormenorizada, el problema de cada municipio. Y muy especialmente la singularidad de La Línea. Porque, de otro modo, podría producirse un efecto perverso y contrario al que desean los gestores de esta negociación: Que La Línea se vea de nuevo perjudicada mientras el resto de sus vecinos se beneficia de su problema de Estado. Ya se vivió en 1969. Espero que en Exteriores arreglen cuanto antes ese teléfono roto para que no se cometan, de nuevo, los mismos errores.

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