Esto es una emergencia de salud pública

La situación ante la que nos encontramos es de extrema gravedad. La evidencia más clara de ello ha sido escuchar a la Policía Nacional desde mi ventana, instando a la gente a no salir a la calle a través de un altavoz, como en un flashback de una película de la Segunda Guerra Mundial. O ver cómo, en otras ciudades, se ha multado y repelido a gente que pretendía salir tan campante a la calle, como si tal cosa, un domingo por la mañana. La gente se tiene que enterar de que tiene que estar en su casa o, en todo caso, salir a lo imprescindible. Punto.

No se puede salir si no es para lo más necesario: trabajar, comprar comida o medicamentos o ir al médico si hay una urgencia sanitaria relevante. Si no, no. Esto es una emergencia sanitaria, muy grave, algo a lo que nunca nos hemos enfrentado. Y para superarlo tenemos que saber afrontarlo: hay que parar el contagio.

Debemos ser conscientes de que esta falta de libertad de movimiento nos está afectando a todos, pero también que se debe a una situación excepcional y es por nuestro bien, por nuestra salud y debemos colaborar para que dure lo menos posible. En esta situación, creo que es comprensible y lógico que a todos se nos pregunte dónde vamos, se nos pueda requerir información o documentación, si es preciso. Nos tendremos que acostumbrar a ello por unos días o semanas, esperemos que los menos posibles. Y eso también depende, en parte, de nuestra disciplina social.

El decreto 463/2020 que declara el estado de alarma especifica claramente en su artículo 7 que “los agentes de la autoridad podrán practicar las comprobaciones en las personas, bienes, vehículos, locales y establecimientos que sean necesarias para comprobar y, en su caso, impedir que se lleven a cabo los servicios y actividades suspendidas en el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, de declaración del estado de alarma, salvo las expresamente exceptuadas. Para ello, podrán dictar las órdenes y prohibiciones necesarias y suspender las actividades o servicios que se estén llevando a cabo”. Esto hace lógico que se puede solicitar la documentación a cualquier persona, a cualquiera en España, porque está limitada la libertad de circulación de personas y vehículos.

Por la zona fronteriza en la que vivimos, esta medida tiene una especial incidencia. 10.000 personas van a diario a trabajar a Gibraltar, hay gibraltareños que residen en España y algunos españoles viviendo también en el Peñón. Las empresas ya han instado al teletrabajo, cuando es posible para contribuir a reducir la movilidad y el contacto.

Obviamente, la falta de libertad en la circulación en España por la emergencia sanitaria está afectando. Ha causado un importante revuelo este domingo que la policía española de frontera pidiera la documentación de contratos laborales o acreditación de que se iba a trabajar o la residencia. Creo que habrá que buscar la forma de que esas personas que no gozan de un contrato laboral puedan demostrar su necesidad de ir a trabajar en el tiempo que esté vigente el estado de alarma. Habrá que encontrar el modo.

Igualmente, hay gibraltareños que tienen su segunda residencia en España, pero viven en Gibraltar. Para ellos también es complejo. Las autoridades de ambos lados tendrán que cooperar constantemente para buscar fórmulas que faciliten a estos ciudadanos el paso entre ambos lados cuando sea por las razones de necesidad que permite el decreto. En estos casos especiales, las autoridades tienen que encontrar soluciones.

Pero también tenemos que tener en mente y ser conscientes de que las restricciones las estamos sufriendo todos, por nuestro propio bien. Muchas empresas desconocen cómo saldrán de ésta; hay autónomos que no pueden trabajar, empresarios a los que se les ha caído totalmente su producción y empleados que están perdiendo trabajos al no poder moverse. Las consecuencias son, ahora mismo, imprevisibles. Tendremos que ser solidarios y generosos con quienes más lo necesiten, cuando logremos matar al coronavirus. Pero no olvidemos que, en este momento, estamos ante una emergencia de salud pública, una guerra sin cuartel contra un enemigo invisible, que se reproduce muy rápido y que nos hace enfermar sin darnos cuenta.

Nuestros gobiernos locales, autonómicos, nacionales, europeo y, en nuestro caso, por vecindad, el Gobierno de Gibraltar y las fuerzas de seguridad están haciendo todo lo posible para que esta lucha contra el COVID-19 sea lo más corta posible. Todos ellos están anunciando medidas draconianas para tratar de atajar esta pandemia. Medidas que aún serán más duras en los próximos días. Tenemos la obligación de colaborar con ellos. Pero, además, debemos hacerlo por sentido de la responsabilidad. La batalla es de todos. 

 

 

 

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