Adiós a la Unión Europea

El 24 de junio de 2016 no eran aún las siete de la mañana cuando recibí el primer mensaje en mi WhatsApp para buscar reacciones sobre el resultado del referéndum del Brexit. A las ocho, estaba en el despacho del alcalde de La Línea, Juan Franco, para recabar su opinión sobre la marcha del Reino Unido y, por tanto, de Gibraltar. Desde luego, David Cameron no era la persona con la que el alcalde hubiera deseado encontrarse aquella mañana. Ni tampoco el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, cuya población votó masivamente a favor del Remain -más de un 96%-. Pero, pese a su voto por quedarse, se encontraban fuera. De eso han pasado tres años y medio, miles de incógnitas por el camino y, finalmente, un acuerdo de salida y un periodo de transición de un año. Que se activan a partir de hoy.

Anoche, a las doce, fui a la frontera. En el lado gibraltareño, un grupo de exaltados con banderas inglesas y otro pequeño grupo de curiosos esperaban el momento del cambio de la bandera de la Unión Europea (UE) por la de la Commonwealth. Curiosamente, ambas azules; una con las doce estrellas de unidad, solidaridad y armonía entre los pueblos de Europa. La otra, con el globo terráqueo en el centro y los 34 trazos con las formas en que los 54 países de la Commonwealth cooperan alrededor del mundo.

banderaUE3Con toda sinceridad, para mí fue un momento triste, a la vez que histórico, ver en directo cómo un país se va de la Unión. Porque la Unión Europea, aunque ahora en horas bajas y con muchas cosas que mejorar, alberga un conjunto de valores muy importantes, que nos han hecho mejores ciudadanos, política y humanamente, desde la II Guerra Mundial.

Deseo que los ingleses y también los gibraltareños tengan suerte en esta travesía que comienza hoy y, como han hecho en cada desafío que han afrontado en la historia, sepan encontrar el camino. Estoy segura de que así será. Por el lado español, en nuestra zona también hay grandes retos que acometer en relación con el Brexit en La Línea, principalmente. Y en general, en lo que afecta la relación española con el Reino Unido; no olvidemos que ambos países son amigos y aliados.

En lo relativo a la relación transfronteriza entre La Línea y Gibraltar, ha sido un acierto crear ese protocolo sobre Gibraltar con sus memorandos de entendimiento sobre tabaco, cooperación policial y aduanera, medio ambiente y ciudadanos, junto al tratado fiscal en el que se está trabajando. Canalizar la gestión de los problemas que genera la relación transfronteriza es una necesidad absoluta, es imprescindible.

Los responsables de esas comisiones que se reunirán a partir del 26 de febrero -inexplicablemente, en Algeciras, cuando el problema está en La Línea- tendrán que conseguir que las cuestiones que afectan a nuestra relación diaria en el paso fronterizo sean más llevaderos y estén bien organizados cuando acabe este año 2020. Hay un arduo trabajo que hacer ahí, pero la buena noticia es que los problemas a resolver están bastante claros; sólo hace falta eficacia.

Entre esas cuestiones, sin duda, la prioridad son los ciudadanos. La fluidez de una frontera que transitan más de 20.000 personas al día es una necesidad, porque es humanamente justo para cualquiera que cruce a otro territorio fuera de su país, sea quien sea. Y porque tres cuartas partes de esas personas son trabajadores, que entran y salen a diario. La fluidez forma parte de sus condiciones de trabajo, por tanto.

A este respecto, es importante señalar que, si mañana se anunciara el cierre de una importante fábrica de coches catalana con 10.000 empleos en juego, medio país estaría movilizado. Aquí no ha pasado eso. Y lo que es aún más grave, ni siquiera algunos políticos campogibraltareños o andaluces -de Madrid ni les cuento- identifican exactamente el desastre que eso le generaría a La Línea, concretamente. Porque, obviamente, no lo viven a diario. O no tienen ni idea, que también.

A partir de aquí, me parece bien que el Campo de Gibraltar escriba la carta a los Reyes Magos con el Brexit como excusa. Es más, me parece necesario que el Campo de Gibraltar exija, sin descanso, todas las mejoras que la comarca necesita. Que son muchísimas, debido al abandono histórico que esta zona ha sufrido por parte de quienes tenían la capacidad para llevarnos al siguiente nivel de desarrollo económico. Eso no debemos dejar de exigirlo nunca, a pesar de que la escasa representatividad política de esta zona haga que muchas veces caigan en saco roto nuestras demandas para mejorar el tren, el paro, la sanidad pública, el medio ambiente o la situación social de muchos vecinos. No bajemos los brazos ante la falta de apoyo al Campo de Gibraltar. Nunca.

Pero, por favor, no volvamos a convertir a La Línea en un rehén de sus propios problemas, sin que nadie haga nada por cambiar eso. Porque, además de condenarla, estaremos perjudicando a todo el resto de la comarca también. Es totalmente paradójico y no tiene sentido que la ciudad a la que afecta realmente el Brexit no sea escuchada y que, la comarca que la representa, aproveche para beneficiarse de eso, perjudicando a quienes realmente necesitan una solución en el punto más crítico. Éste es un momento para ser generosos, para dotar a esta ciudad de un camino que le ayude a salir adelante y para que las decisiones se tomen en el lugar que corresponde. No bajemos los brazos.

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