Un ‘backstop’ para La Línea-Gibraltar

La consecuencia inmediata del ‘efecto Boris’, la caída de la libra, volvió a bajar el sueldo un 0,22% en un solo día a los 15.265 trabajadores transfronterizos contabilizados por el Gobierno de Gibraltar hace dos semanas. Tras el anuncio de la suspensión del Parlamento británico, en el Campo de Gibraltar y la Costa del Sol también saltaron las alarmas sobre cómo puede afectar un Brexit duro a la economía de la zona. Aunque los diputados ingleses parecen dispuestos a no permitir a Johnson que el país salga de la UE a las bravas, en el Campo de Gibraltar ya se trabaja en la búsqueda de garantías en todo este complejo proceso. Una especie de backstop. Una salvaguarda que mate la incertidumbre.

Los británicos residentes, el turismo, los derechos de los ciudadanos en la frontera y los de los trabajadores son los asuntos más preocupantes. Y colectivos empresariales, junto con el Ayuntamiento de La Línea, ya se han puesto manos a la obra para tratar de marcar una agenda de trabajo, que se está elaborando en coordinación con colectivos y el Gobierno de Gibraltar, para buscar ante las instituciones pertinentes lo que algunos ya llaman el ‘backstop’ La Línea-Gibraltar.

Un cuarto del PIB comarcal procede de Gibraltar, miles de trabajadores cruzan a diario la frontera y cobran su sueldo en libras. Pero la relación inversa también es importante. La relación de los gibraltareños y los británicos con la comarca del Campo y Andalucía es intensa y permanente. En Andalucía viven 76.870 británicos, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), 38.603 hombres y 38.267 mujeres, de los que 47.193 residen en la provincia de Málaga y 5.015 viven en la provincia de Cádiz, muchos de ellos en el Campo de Gibraltar.

Más de 155.972 británicos viajaron a Andalucía solo en el mes de julio, según las estadísticas del Instituto de Cartografía de Andalucía. Se trata del segundo mercado de turistas de la comunidad autónoma y el primer mercado internacional, solo por detrás del turismo nacional español. Los ingleses realizaron 780.041 pernoctaciones y estuvieron una media de cinco días en territorio andaluz. Málaga, de lejos, es su destino preferido. Allí estuvieron más de 101.000 británicos en julio. Y, aunque el número de turistas ha aumentado un 7,4 por ciento este año respecto al 2018, ha disminuido en 1,4 por ciento el número de días que pasan en España.

“Está afectando, por ejemplo, en que los alquileres turísticos se han reducido y se realizan con menos antelación y menos días. Eso es un indicativo de la bajada del poder adquisitivo y de que se mantienen expectantes, en modo ahorro, debido a la incertidumbre”, apunta la presidenta de la Asociación de Mujeres Profesionales y Empresarias de Marbella y la Costa del Sol, Miriam Herrera.

“Los ingleses gastan mucho dinero en el Campo de Gibraltar y la Costa pero, si baja la libra, ya no resulta rentable. Nosotras estamos al tanto de los movimientos políticos y vemos que las autoridades no son conscientes, o no quieren serlo, de adónde vamos: un Brexit duro sería devastador para el Campo de Gibraltar. Más que para Marbella, por ejemplo, que tiene más diversificados los países de procedencia de su turismo”.

Al día siguiente de la suspensión del Parlamento británico, el alcalde linense, Juan Franco, reclamó a las autoridades nacionales y andaluzas que tomen “medidas unilaterales” para hacer frente a un “previsible Brexit desordenado”. Y recordó que la ciudad ha exigido en varias ocasiones acciones por parte del Gobierno de España y de la Junta de Andalucía que palíen los efectos negativos del Brexit, que La Línea ya sufre desde el mismo día del referéndum por las fluctuaciones de la libra y por la incertidumbre generada durante todo el proceso.

Tanto el Gobierno central como la Junta tratan de tranquilizar a la población, asegurando que están actualizando las medidas de contingencia para el caso de un posible Brexit sin acuerdo y que los memorandos sí tendrían plena validez jurídica, incluso si no se aplicase el Acuerdo marco de Retirada. Así lo ha indicado esta semana el ministro de Exteriores en funciones, Josep Borrell, pero añadió a renglón seguido que el estatus jurídico va a cambiar y la Verja tendrá que regirse por las normas europeas que habrá que cumplir. “No vamos a hacer nada que no esté dentro del estricto respeto a las normas comunitarias pero haremos todo lo posible para que no haya ninguna distorsión en el tránsito de trabajadores”, afirmó.

Y por parte del Grupo Transfronterizo ya han empezado a moverse de la mano entre ambos lados de la frontera para tratar de conformar una agenda de reuniones con eurodiputados y con parlamentarios británicos. “Queremos mantener reuniones con europarlamentarios y en el Parlamento británico para hacer lobby y que vean que nuestras relaciones entre La Línea y Gibraltar no pueden verse alteradas”, afirma Lorenzo Pérez, portavoz del Grupo Transfronterizo y presidente de Apymell. Quien, además de corroborar el frenazo de las inversiones por la incertidumbre, añade que “La Línea está mucho más abandonada por las administraciones que Gibraltar por su Gobierno. Nadie ha llamado para ver cómo estamos, ni Gobierno central o autonómico. Nadie”.

Un backstop La Línea-Gibraltar

Ante la soledad con la que La Línea de la Concepción suele verse obligada a afrontar los grandes retos históricos que le plantean los avatares políticos, Pérez insiste en que la idea de los colectivos afectados es trasladar al Parlamento Europeo (PE) que “las relaciones de ambos pueblos no pueden verse deterioradas, como una salvaguarda similar a la que se logró en el Acuerdo de Retirada para Irlanda del Norte”. Un backstop La Línea-Gibraltar: “Eso es lo que pretendemos, afrontar este complejo reto de forma coordinada”.

Como es sabido, el backstop irlandés es un mecanismo que establece que, si no hubiera un acuerdo comercial al final del periodo de transición, en diciembre de 2020, todo el Reino Unido formaría una unión aduanera, pero Irlanda del Norte tendría un estatus especial más alineado con el mercado único europeo, a fin de proteger el proceso de paz del Ulster y mantener la fluidez fronteriza. Y está suponiendo uno de los principales escollos en la negociación de salida. Añadir otro, por tanto, no sería fácil.

En el caso de Gibraltar y La Línea, el problema es mantener la fluidez y hacer compatible el paso de los ciudadanos, trabajadores y mercancías con la salida de Gibraltar de la UE. Así, el GT pretende explicar tanto en Bruselas como en Londres por qué la frontera entre Gibraltar y La Línea merece un trato más sensible en todo este proceso del Brexit. El GT está manteniendo estos días reuniones entre sus miembros para definir estas líneas de trabajo, sus prioridades a la hora de marcar la agenda para hacer lobby y dónde priorizar los contactos.

Porque la otra derivada del problema, la incertidumbre sobre la posibilidad de que Pedro Sánchez pueda formar Gobierno en España, provoca que los colectivos miren más a Europa y esperen antes de centrar sus esfuerzos en lograr resultados de las autoridades españolas, dado que España estaría abocada a nuevas elecciones si el PSOE no logra finalmente alcanzar un acuerdo para investir a Sánchez este mes de septiembre. Como parece que va a ocurrir si nada lo remedia a última hora.

“Por eso no vamos a centrar nuestros esfuerzos en el Gobierno central. En cuanto a la Junta de Andalucía, hace seis meses que le pedimos una reunión al presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, sin que hasta ahora nos haya contestado. Y también hemos hecho lo propio con la subdelegada del Gobierno de la Junta en el Campo de Gibraltar, Eva Pajares, pero no ha habido respuesta alguna”, añade Pérez.

Además, es previsible que se produzca en los próximos días un encuentro bilateral entre La Línea y Gibraltar con presencia de las autoridades locales de ambos territorios para señalar los problemas que, sobre el terreno, puede causar un Brexit duro y cómo trabajar para suavizarlos. Entre los temas que más preocupan está el de la fluidez en la frontera; la normativa en las exportaciones de los productos perecederos en su tránsito fronterizo y los derechos de los trabajadores transfronterizos.

Por su parte, desde la Asociación de Trabajadores Españoles en Gibraltar (Ascteg), la preocupación por un GiBrexit duro aumentó con el movimiento de Boris Johnson al suspender el Parlamento. “Si hasta ahora teníamos mucho miedo, con este destructivo movimiento, tenemos temor a ese tsunami y vemos las olas venir”, aseguró el portavoz de Ascteg, Juan José Uceda. Esta semana las aguas se han calmado, pero el temor sigue.

Para Uceda, las consecuencias de un Brexit duro pasan por el riesgo de los empleos en Gibraltar, los gibraltareños con residencia en España y, por tanto, el cambio de divisas entre Gibraltar y, especialmente, La Línea. “Perderíamos también en exportaciones, también los comercios linenses y los de la comarca y no queremos pensar en el caos que vivimos en 1969”, añade Uceda.

Desde Ascteg se exige un acuerdo político en un contexto de Brexit duro “para que se evite que la gente tenga que sufrir colas eternas, dejar de tener un contrato europeo y tener que obtener pasaportes para poder cruzar la frontera”. Por parte de los trabajadores transfronterizos también han comenzado ya a reaccionar y están realizando contactos con otros colectivos para organizar una importante manifestación en La Línea, que deje patente “que esta ciudad tiene que protestar y defenderse”. 

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