In memoriam: los 20 de Mauthausen

El Gobierno español ha hecho público un listado de 4.427 españoles muertos en los campos de concentración austriacos de Mauthausen-Gusen durante la II Guerra Mundial, entre los que aparecen trece linenses, tres algecireños, cuatro sanroqueños y un tarifeño. Con la restitución de la nacionalidad que el Gobierno franquista les arrebató, España les resarce de una gran injusticia, la de haber sufrido el horror de la represión nazi tras luchar contra Franco durante la Guerra Civil y tener que exiliarse a Francia en 1939, donde fueron apresados y conducidos al infierno de Mauthausen.

Algunos de los testimonios de ese horror fueron relatados por el superviviente linense Rafael Martín, que recogió el historiador Alfonso Escuadra en su libro Triángulos azules. Testimonio de los Campogibraltareños en los campos nazis en un relato sobrecogedor del trato inhumano del ejército nazi hacia los españoles retenidos allí. “Estoy seguro –decía Escuadra en una conferencia y posteriormente en su libro- que lo ocurrido en los campos de concentración y en Mauthausen en particular no nos sería tan lejano si tuviésemos en cuenta que, entre las decenas de miles de muertos que componen los ‘Libros de la muerte’, se encuentran 5.000 españoles. Y entre ellos, linenses, sanroqueños, algecireños y tarifeños”.

Este texto, junto al monolito inaugurado por el Ayuntamiento de San Roque ya en 2016 a los cuatro sanroqueños que sufrieron esa misma represión, fueron los primeros reconocimientos a esos prisioneros que sufrieron el horror de Mauthausen-Gusen. También el Ayuntamiento linense ha anunciado un acto de homenaje a los trece linenses fallecidos en Mauthausen-Gusen en los actos por el 150 Aniversario de la ciudad en 2020.

La lista publicada por el Boletín Oficial del Estado (BOE) español se corresponde con la facilitada ya en la década de los cincuenta por el Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC, por sus siglas en inglés) al Archivo de Salamanca y que dicha ONG recibió por parte del Gobierno francés, país donde fueron detenidos estos republicanos de la resistencia antifranquista y deportados a los campos de concentración alemanes.

Aunque los casos de estos veinte hombres están bien documentados, los más fehacientes corresponden al superviviente linense que relató su testimonio y a los cuatro sanroqueños. En el caso de estos últimos, el cronista oficial de la ciudad, Antonio Pérez Girón, recabó abundante información gracias a dos visitas que realizó a Francia en 1985 y 1987 para corroborar los datos de Cruz Roja con miembros de Izquierda Republicana y del Partido Socialista Obrero de Cataluña (PASOC), que se habían quedado en el país galo al perder la Guerra Civil Española y tampoco volvieron a España tras la muerte de Franco.

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Prisioneros de Mauthausen, en el momento de la liberación del campo, el 5 de mayo de 1945. / Foto: Wikipedia (libre de derechos)

“En determinadas listas reservadas, secretas, del archivo local, figuraban una serie de republicanos que yo no podía confrontar que hubieran vuelto. Estos exiliados en Francia me facilitaron referencias de compañeros suyos detenidos o deportados a Mauthausen. Ni siquiera sus familias habían sido informadas de la suerte de estas personas, porque estaban desprovistas de la nacionalidad, ya que Franco los declaró apátridas”, revela el cronista sanroqueño en entrevista con el Chronicle.

Sanroqueños detenidos en Toulouse

Aquellos exiliados hablaban de varios republicanos residentes en Toulouse tras la Guerra Civil, que habían sido detenidos junto a otros españoles durante la invasión nazi. Cuatro de ellos eran de San Roque y, según los registros del ICRC, estuvieron en Mauthausen-Gusen. Eran Pedro Almagro Coll, Antonio Vilches Gallardo, Antonio Santy Ramos y Manuel Ruiz Castañeda. “A Pedro Almagro lo delataron y lo deportaron a Mauthausen ya en julio de 1944, apenas un año antes de acabar la II Guerra Mundial. Murió pronto”, explica con emoción el cronista sanroqueño.

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Expresos de Mauthausen, el pasado 5 de mayo en el campo. / Foto: Fundación Mauthausen

“A Antonio Vilches lo apresaron nada más entrar los alemanes en Francia. Lo mandaron a la prisión de Estrasburgo e ingresó en Mauthausen el 13 de diciembre de 1940. Estaba muy vinculado a la CNT en San Roque. No duró ni un año en el campo de concentración”, afirma Pérez Girón. Por su parte, Antonio Santy Ramos, de Campamento, fue llevado a una prisión francesa y deportado a Mauthausen el 6 de agosto de 1940, junto a otro sanroqueño, Manuel Ruiz Castañeda. “Metieron a los dos en un tren con destino al campo de concentración tras una gran redada que llevaron a cabo los nazis con apoyo de la policía francesa. Fueron detenidos junto a miles de republicanos españoles emigrados –recuerda el cronista sanroqueño- y, cuando le comunican a Serrano Suñer que qué hacían con esos emigrados, desde el Gobierno español les dicen que esos no son españoles, que son apátridas, y que dispongan de ellos”.

Antonio Santy falleció en abril de 1941 en el campo de concentración. Mucho tiempo después de descubrir su historia, su familia, residente en Madrid, ni siquiera había sido informada de su muerte. “Cuando San Roque les rindió homenaje en 2016, me buscaron y me dieron un abrazo. Para mí, fue muy emotivo”, recuerda el cronista.

Del que menos información existe es de Manuel Ruiz Castañeda, de quien no había rastro ni en padrones ni en familias, además del cierto temor que aún persiste en algunos pueblos españoles por significarse con la causa republicana. “No pude encontrar información”, afirma Pérez Girón. Sus cuatro nombres están escritos en un monolito al final de La Alameda y cada año se recuerda su lucha por la democracia con un ramo de flores el 14 de abril, día en que se proclamó la II República española en 1931.

Los veinte campogibraltareños fallecidos

Con la restitución de la nacionalidad, a sus nombres se unirán ahora los de los linenses Bernardo Cosas Jiménez, Miguel Crespo Espinoza, Salvador Cuellar García, Juan González Perujo, José Herrera Delgado, Antonio Llovet Ocaña, Juan Luengo Garesse, Rafael Reina Grimaldi, Fernando Sala García, Francisco Sumaquero Oda, Helios Villalba Gómez, José Vivero Ruiz y José Fernández Sarraho. Y el de los algecireños Manuel Sáez Ayala, Andrés Sánchez Zambrana y Francisco de la Rocha, así como el del tarifeño José Blanco Mesa.

Este listado cumple el mandato de la magistrada-juez del Registro Civil Central, bajo la Ley de Memoria Histórica para la reparación de las víctimas del nazismo, según el Ministerio de Justicia. La iniciativa repara la memoria de los más de diez mil españoles deportados a campos de concentración por el gobierno franquista, de los cuales más de la mitad falleció allí. Además, el Consejo de Ministros acordó en abril establecer el 5 de mayo, día de la liberación de Mauthausen por el ejército estadounidense en 1945, como día de homenaje a estas víctimas.

La fuerte resistencia española en Mauthausen-Gusen

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Un acto de recuerdo en el campo de Gusen. / Foto: Fundación Memorial Mauthausen.

Los españoles eran un grupo muy bien constituido y organizado dentro del campo de concentración de Mauthausen. Tanto los testimonios recabados por Pérez Girón como el de Rafael Martín a Alfonso Escuadra destacan cómo los españoles obtenían ‘cierto’ grado de respeto por los soldados nazis, ya que habían formado parte de la resistencia en la Guerra Civil contra Franco y luchado también contra los mercenarios italianos.

El desgarrador testimonio de Rafael Martín

“Para las SS los prisioneros eran una escoria, un desecho humano. Pero resulta curioso que entre los más fanáticos de las SS se daba una simpatía especial por nuestra nacionalidad. La razón estaba en la extraña admiración que entre ellos despertaba el buen combatiente. Ellos valoraban en cierta forma la gallardía con que habíamos combatido los republicanos españoles. Nosotros no éramos como los polacos o los franceses a los que habían conseguido derrotar en muy poco tiempo. Nosotros, los españoles, habíamos resistido a los fascistas y a los mercenarios italianos y alemanes una guerra de tres años completamente solos, lo cual no dejaba de ser visto como una heroicidad”. Así lo relató Rafael Martín, en un testimonio realmente desgarrador y doloroso.

Y también reveló cómo “al llegar atravesamos una entrada de piedra de cuya terminación nos íbamos a encargar nosotros en la que había un águila también de piedra y a través del cual se accedía al patio de armas. Allí nos hicieron formar, informándonos seguidamente de que íbamos a ser conducidos a las duchas. Nos desnudamos, metimos nuestras cosas en un saco y pasamos a las duchas. Al salir del patio nos dieron un traje con rayas azules”. En ese momento comenzaba para ellos el horror de Mauthausen.

Pérez Girón, por su parte, añade que “los españoles tuvieron que ser un grupo muy bien constituido y son los primeros en salir a recibir a los estadounidenses cuando liberan el campo. Eran los mejor organizados, realizaban reuniones clandestinas también en el campo. Los republicanos con los que hablé en Francia me aseguraban que, según les contaron otros supervivientes españoles y polacos refugiados en Francia e Inglaterra, ese campo de concentración fue terrible. Y recordaban detalles como que los propios presos tenían que prender los hornos con los que después iban a quemar a sus compañeros”.

Más de 90.000 presos muertos

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Cadáveres apilados en el campo de concentración de Mauthausen. / Foto: US Holocaust Memorial Museum

El campo de concentración de Mauthausen-Gusen está considerado como el de las condiciones de detención más severas de entre los nacionalsocialistas, como explica la Fundación Memorial de Mauthausen. “Miles de presos fueron muertos a golpes, abatidos a tiros, asesinados mediante inyecciones o llevados a perecer por congelación. Al menos 10.200 presos del campo de concentración fueron asesinados mediante gas letal en la cámara de gas del campo central, en el campo de Gusen, en el centro de ejecución del castillo de Hartheim o bien en un vehículo adaptado para ello que realizaba el trayecto entre Mauthausen y Gusen. La mayoría de los presos murió como consecuencia de su explotación como mano de obra, llevada a cabo sin ningún escrúpulo y acompañada de malos tratos, así como unas raciones alimentarias insuficientes, una vestimenta deficiente y la carencia de atención médica. Al menos 90.000 presos perdieron la vida en Mauthausen, Gusen y sus subcampos, cerca de la mitad de ellos en los últimos cuatro meses que precedieron a la liberación”, indican desde la Fundación.

El campo recibió sus primeros presos el 8 de agosto de 1938, cinco meses después de la anexión de Austria al III Reich. A la hora de elegir el lugar fue decisiva su ubicación en las inmediaciones de la cantera de granito, como también ocurrió con el campo anejo de Gusen en 1940. La función política del campo, la persecución permanente y la detención de los opositores políticos e ideológicos –reales o supuestos– predominó hasta 1943. Mauthausen-Gusen fue clasificado en su momento como el único campo de la categoría III. “Esto conllevaba las condiciones de detención más severas entre los campos de concentración nacionalsocialistas. En ese tiempo, la mortalidad fue una de las más altas entre los campos de concentración del III Reich”, indica la Fundación Mauthausen.

A partir de 1942-43, los presos fueron empleados para los fines de la industria bélica, por lo que se crearon numerosos subcampos y aumentó la población prisionera. A finales de 1942 Mauthausen, Gusen y un pequeño número de subcampos contaban con 14.000 presos; en marzo de 1945 había en Mauthausen y en sus subcampos más de 84.000 prisioneros.

Desde la segunda mitad de 1944 llegaron a Mauthausen transportes de evacuación con miles de presos, sobre todo desde el este. En la primavera de 1945 se cerraron los subcampos al este de Mauthausen y los campos de trabajo forzoso para los judíos húngaros. Los presos fueron conducidos hacia Mauthausen en auténticas marchas de la muerte. “Esto llevó en Mauthausen y Gusen, así como en los subcampos todavía existentes de Ebensee, Steyr y Gunskirchen a una absoluta superpoblación. El hambre y las enfermedades trajeron una vertiginosa alza de la mortalidad”, indican desde la Fundación Mauthausen. El campo albergó a más de 190.000 presos desde agosto de 1938 hasta su liberación, el 5 de mayo de 1945. Cada año, en Mauthausen, se realiza una ceremonia de conmemoración por el fin de tanta barbarie. 

 

* Este artículo en memoria de los fallecidos en Mauthausen-Gusen fue publicado en primer lugar en inglés en la sección ‘The week in the Campo’, del diario Gibraltar Chronicle el sábado, 17 de agosto de 2019.

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